Contradicción

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Praxis Política | De los Reporteros

Contradicción

Apenas la semana pasada, el lunes 13 de febrero se daba la noticia que el municipio de Durango de acuerdo a la percepción de sus habitantes es seguro. Según la estadística de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe) 2016, el estado de Durango y sobre todo el municipio se localiza dentro de las tres ciudades con mejores resultados, lo que cual quiere decir que de acuerdo a lo estimado por los duranguenses vivimos en un lugar seguro.
Cierto es, que desde hace años que en la ciudad de Durango no se registran balaceras, muertes violentas, asesinatos de forma reiterada, y lo que ha habido, son casos aislados como dicen las autoridades, lo que define a la capital como una de las más seguras del país.
Hay quienes tuvieron miedo a raíz de los enfrentamientos en Culiacán, Sinaloa respecto a que la violencia tuviera resonancia en la sierra de este estado y permeara en la ciudad, pero no ha sido así, los últimos días han sido tranquilos en la ciudad callada; aunque todavía no se descarta que la pelea entre los hijos de “El Chapo” Guzmán y el compadre, Dámaso, pueda extenderse tanto que alcance nuestro territorio. ¡Tocamos madera!… Solo basta con recordar la violencia vivida en los años 2009, 2010, 2011 y parte del 2012, y los duranguenses no queremos volver a observar esos episodios.
En aquellos entonces se dispararon los secuestros y asesinatos, supuestamente todos los cárteles de la droga estaban revolteados, nadie quería salir a las calles ante el temor de quedar en medio de uno de esos episodios que solo se observaban en las películas de acción de “héroes” norteamericanos, ésos a los que nunca les pasaba nada cuando se enfrentaban contra el enemigo.
Los años álgidos en cuestión de “levantones”, balaceras y fosas clandestinas en Durango quedaron atrás y la población no quiere que vuelva, sin embargo, existen nuevas acechanzas y retos que deben tomar las autoridades. Hoy nuestra columna la titulamos contradicciones, porque en definitiva ese tercer lugar en percepción de seguridad a nivel país, se contradice y contrasta con el tercer lugar en consumo de “cristal”, llamada la droga de los pobres que ahora ya alcanza a nuestra niñez.
Dígame estimado lector, ¿no es una contradicción? Si la autoridad en su momento pudiera haber hecho una tregua con la delincuencia organizada para que cesara el fuego y no hubiera tranquilidad en las calles a cambio de darles libertad para envenenar a los niños y jóvenes, entonces lo reprobaríamos por completo.
Las autoridades actuales han manifestado su preocupación por lo que ocurre, niños de hasta 8 años de edad con problemas fuertes de drogadicción, que incluso ya les afecta su sistema neurológico o nervioso. Casos como los revelados por la directora del DIF Municipal, Salma Guzmán Daher son preocupantes y ocupantes, pues los niños hasta con 5 pesos pueden comprar una pequeña porción de esa droga que tanto daño hace a los seres humanos.
El cristal, es la droga más consumida en Durango por su bajo costo, hay niños que desde los 8 ya la empezaron a consumir, peor aún, son los propios padres los que se las facilitan y hasta consumen junto a ellos. La directora indicó en entrevista que esta circunstancia es lamentable, ya que los niños son obligados a refugiarse en estos falsos placeres para olvidarse de su situación crítica. Es urgente evitar que nuestra niñez sea envenenada, ya que el problema en unos cuantos años podría ser mayor y no existirán medidas curativas para encausar a esos próximos jóvenes y adultos, que ya se atreven hasta robarle a su propia familia para conseguir el cristal.
El que un niño le robe a su abuela hasta 5 mil pesos para comprar cristal y en tres días consuma la droga que pudo adquirir, es un problema serio, que arroja consecuencias, ya que ese niño o adolescente ya tiene problemas con el habla, pues se le dificulta expresar lo que desea de comunicar.
¿Entonces ese tercer lugar de seguridad, se cambió por el tercer lugar en consumo de cristal? No es justo, se debe poner atención en la necesidad de darle mayor seguridad sobre todo a los niños, adolescentes y jóvenes. A los “puchadores” o narcomenudistas, se les debe mantener a kilómetros de distancia de las escuelas de educación básica, pues el aumento en el consumo de la droga va en ascenso. Ya hasta en los colegios particulares se puede encontrar.
Pero hablemos de los daños y grado de adicción que causa esta droga, que entre otras cosas contiene sosa caústica, Cloralex, gasolina, thinner, entre otros productos tóxicos. El cristal, es la mentanfetamina, droga blanca y cristalina, que se consume inhalándola por la nariz, fumándola o inyectándosela con una jeringa. Algunos incluso la toman por vía oral, pero todos desarrollan un fuerte deseo de continuar consumiéndola porque la droga crea una sensación falsa de felicidad y bienestar, una ráfaga (sensación fuerte) de confianza, hiperactividad y energía. También se experimenta disminución del apetito. Los efectos de esta droga generalmente duran entre 6 y 8 horas, pero pueden durar hasta 24 horas.
Con estas características, es que podemos señalar que estas puertas falsas le son presentadas a nuestra niñez y ante los problemas que tienen en su casa, ante la falta de dinero para comprar alimento, ésta es la respuesta mentirosa que acaba al ser humano física y mentalmente. No podemos estar del todo contentos de ser unos de los estados y ciudades donde se percibe la mayor seguridad, cuando andan sueltos los envenenadores en las calles.

Castigar sin confianza en las instituciones
Sucede algo curioso con la aprobación del sistema estatal anticorrupción. Los ciudadanos esperan castigos para funcionarios y servidores públicos corruptos pero no confían en la instituciones responsables de impartir justicia.
Apenas el jueves, en una sesión extraordinaria que terminó cerca de las 16 horas, el pleno del Congreso aprobó la reforma constitucional que marca la creación de un Sistema Estatal Anticorrupción (SEA) pero será hasta junio que las leyes secundarias sean adecuadas.
Luego de la crisis que provocó la existencia de la llamada Casa Blanca, cuya propiedad se atribuyó en un inicio al presidente de la República, Enrique Peña Nieto, el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA) se presentó como una bocanada de aire en un país que ocupa los primeros lugares entre las naciones más corruptas del globo.
Pero de julio de 2016 a la fecha ha corrido mucha agua bajo el puente y los ciudadanos han tenido tiempo para convencerse que el sistema, tanto nacional como local va a convertirse en otro modelo para cubrir espaldas o en el mejor de los casos se usará para venganzas políticas.
A pesar que la confianza en la justicia mexicana mexicana anda en niveles del inframundo hay expresiones iluminadas cuando se habla de la extinción de dominio y la posibilidad que los funcionarios corruptos pierdan la riqueza acumulada con base en la máxima que “el que no transa no avanza”.
Pero seguramente el tiempo transcurrido desde la denuncia hasta la decisión final será otro motivo de desencanto, sobre todo para quienes no estamos versados en materia de derecho y no entendemos que hay procesos, desahogo de pruebas, audiencias, amparos y un sinfín de recursos que harán al sistema tan tortuoso como al resto de las instituciones.
Quedará esperar. El problema es que la espera se nutre de sentimientos como la fe, la confianza y la esperanza y en México esos son conceptos cada vez más lejanos cuando hablamos de justicia.

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