Que se retire Marcos Cruz

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Editorial 

Nada es peor, que un pueblo deseoso de progreso y aciertos pague a muy alto precio los errores y la falta de sensibilidad política que en el desempeño de sus cargos puedan mostrar algunos hombres públicos.

Lamentablemente la ceguera mental que ha mostrado en últimas fechas el titular de la Secretaría de Desarrollo Social del Estado (Sedesoe), Marcos Cruz Martínez, se está convirtiendo en eso. Un nudo gordiano, que al estar enquistado en la estructura gubernamental de este sexenio se aferra con maldad a los errores, y se trasforma en un instrumento que destruye, mas no construye. Está tan empecinado en sus caprichos que no percibe el daño que hereda.

Por alguna causa específica, Marcos Cruz Martínez ha ido cincelando en el camino de la función pública, una estrategia de confrontación con los demás miembros del gabinete, y con frecuencia ignora la autoridad y la jerarquía del gobernador, lo que desestabiliza la tarea a su cargo y motiva el desconcierto entre quienes tienen que estar sometidos a su autoridad y bajo su mando.

Es una tristeza que Durango tenga que soportar actitudes de esta penosa magnitud, cuando lo que se reclama es concordancia y aciertos, humildad y trabajo, modestia ante el gobernador y aciertos en las decisiones.  Es obvio que,  en realidad Marcos Cruz no cuenta ni con la estatura necesaria ni la experiencia básica para el desempeño de una importante función pública que debe ejercerse a plenitud y de manera pulcra.

Indiscutiblemente que la cuota de poder que se le entregó, sangra la imagen del servicio público y lastima el prestigio del buen gobierno que encabeza José Rosas Aispuro Torres, denotando la necedad de un espíritu caprichoso y soberbio.

En el pasado “Marquitos”, como lo apodaron los “Petos”, cobijó una larga trayectoria como líder de colonias, dando más la imagen de un inquisidor gubernamental que un gestor leal y sincero de las clases menesterosas. Invadió ranchos, secuestró funcionarios, tomó oficinas públicas y fue en varias ocasiones acusado por la comisión de delitos oficiales.

Hay un largo historial y una sombra oscura que va de la mano del verdadero perfil de un Marcos Cruz peligroso y agresivo ante la autoridad y el poder público, más que la trayectoria de un ciudadano equilibrado, cauto y servicial ante el pueblo de Durango.

De hecho no es duranguense, llegó de México hace muchos años, y su prestigio de chilango también atesora rangos de pobreza y comportamientos poco saludables dignos de un fuereño oportunista.

En los últimos días, se ha convertido en la manzana de la discordia en el gobierno estatal, y su rivalidad política con miembros del gabinete estatal ha trascendido a niveles de inconciencia y rebeldía inusual.

Es elemental que este funcionario si no enmienda su comportamiento, opte por retirarse del gabinete o se ordene sobre su persona el obligado cese en el cargo.

Viejo y un tanto descontinuado, al no mantener en su personalidad política el origen real de una corriente permanente, su paso por varios partidos se convierte solo en el colofón de sus aspiraciones y ambiciones estrictamente personales que no cobijan ningún interés en el servicio público a favor de Durango.

Se inició en el Comité de Defensa Popular (CDP), luego se incorporó al Partido del Trabajo , (PT), posteriormente renegó de éste, y se alineó con el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Hoy de manera deliberada, coquetea  con la coalición y el Partido Acción Nacional (PAN), solo para ocupar un escaño en la vida pública de Durango. No es el interés de servirle al pueblo lo que lo llama.

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